Razones para darme tu sucio dinero
Antes de comprarle a otro, lee esto. Un artista loco, sincero y sin red te explica por qué deberías apostar por él. Y por ti.

¿Quién puede decirte con justa razón cuál es el propósito del arte? Es una pregunta complicada, que muchos prefieren evadir responder, o genuinamente no saben responder.
De boca de artistas, son muchas las palabras distantes y pomposas las que suelen describir la razón del arte, y que pretenden sin resultado abordar este dilema.
Sin embargo, y a diferencia de sus fallidas respuestas, vengo aquí a presentarte una explicación brutalmente honesta.
El arte es un terreno oscuro para aquellos que buscan sustento; en busca de esa cálida cabida, muchos serán capaces de pasar tormentos insaciables.
Son bastantes los individuos que optan por el plan de respaldo y terminan trabajando levantando piedras en Medellín, encargándose del oficio más burdo: recogiendo las piedras que merodean los escombros de las construcciones.
Su rutina es arrastrar piedras que atan con una cuerda a su espalda, a un costal, para llevarlas a talleres de marmolería o en trabajos en obras negras, donde puedan usar esas piedras para hacer bordillos o bases para muros.
Soy consciente de que ese podría ser mi caso algún día, si el mundo dejase de funcionar como es debido. Pero, por fortuna, gracias a Dios el mundo es capitalista y puedo venderte libremente sin restricciones.
Párrafo a párrafo, leerás un texto con un único fin, y es que, seguido de esto, estés dispuesto a comprarme.
Este texto es un intento descarado, desvergonzado y sin complejos por intentar venderte; te intentaré convencer docenas de veces de lo mismo, y es que me compres a mí por encima de cualquier otra cosa que estés pensando.
Quien no sepa leer este texto dirá que es un acto descarado de venta. Y tendrá razón. Esto es un anuncio descarado, y deberías darme las gracias por ello, por ser tan sincero.
Durante muchísimo tiempo existió un sistema de intercambio entre los primeros artistas y los monarcas. Los monarcas estaban interesados en personas que fueran capaces de diseñar la visión que el mundo tendría respecto a ellos para el futuro.
El mecenazgo real fue sustancial, ya que se aprendió al paso del tiempo que un monarca podía ser descrito por la forma en la que fue retratado y vivió en cuanto a sus decoraciones.
Pues, al igual que en base a la historia nos describimos a nosotros mismos, el arte cumple un propósito equivalente.
La historia es recordada en base a impresiones que el artista ha impregnado sobre los eventos, aunque muchas de las interpretaciones resulten distantes —donde existen casos donde personajes usan armaduras distantes de la época, por ejemplo—, las imágenes, como arte primigenio, suplieron un valor trascendental en el desarrollo.
Siendo el pasado más limitado para el artista, con acciones mucho más restrictivas, basadas en el poder del monarca, hoy el mundo ha cambiado.
Y ya no es como un rey decida a capricho desde su trono cómo puede ser diseñado en un pasado, sino que hoy corresponde a un pueblo que tiene capacidad de decidir cómo quiere verse a sí mismo representado.
Se ha abierto la puerta al libre mercado, donde el consumidor podía decidir qué es arte y qué no. Hemos saltado de la corte real al libre mercado, y debemos ser conscientes de esta gran oportunidad.
Soy muy consciente de este punto clave: no hay que dejar de pedir trabajo, hay que ofrecer trabajo.
No espero que te apiades de mí y me compres. Espero que estés tan harto de la competencia que necesites arriesgarte con un loco que ve lo que nadie ve.
Porque estoy convencido de que hay bastantes personas cansadas de andar bajo el mismo patrón. Decido tirar la prudencia por la ventana porque sé que para hacer lo imposible hace falta mirar lo invisible.
Soy el artista que has estado buscando desde hace tiempo y no lo sabes; soy la persona que puede aportar una nueva identidad.
Esta es mi historia. Hoy escribo esto para construir la escalera, la escalera que me llevará a hacer películas.
Hoy solo puedo ofrecerte pequeños platillos con los que experimento continuamente, pero mañana escucharás un llamado y tendrás la opción de construir algo nuevo, una nueva forma de ver y pensar. Anunciaré mi película y, al comprar las entradas, sin darte cuenta estarás financiando una nueva forma de mirarnos.
Espero que tengas la ambición de querer ser parte de algo que aún no existe.
El verdadero cambio que necesita este país no es una revolución, no es una movilización, ni un golpe de estado.
No hace falta empezar por ninguna estruendosa estrategia; todo comienza por una nueva forma de vernos a nosotros mismos.
Hoy quizá no será el día en que te pida un solo centavo,
pero mañana me verás en titulares, estaré anunciando una gran película,
y recordarás que alguna vez hablaste de la posibilidad de que alguien quisiese hacer un cine distinto y tú no tuviste el valor de apostar por él.
Después de esto no hay mucho que hacer por mi parte, ya he lanzado la bomba. Si quieres seguir comprando a lo seguro, hay cien directores que te harán lo mismo de siempre. Si quieres construir, recordarás esto.
¡Adiós!