21 de julio de 20265 min

¿Era Paul McCartney un pingüino?

Los pingüinos no son lo que crees. Y Paul McCartney quizá tampoco.

Paul McCartney a sombra de un pingüino

Paul McCartney ha sido desde hace más de 80 años una de las figuras más importantes de la cultura popular, bajista del legendario grupo The Beatles. El nombre de McCartney ha sido desde sus comienzos boca de intrigantes sospechas y rumores que han alimentado su nombre.

Una pregunta concierne hoy al famoso beatle, y es que su semejanza con el pingüino, invisible para muchos, ha estado siguiéndolo desde hace mucho, solo vista por aquellos de ojos avispados.

Las máscaras de un hombre siempre son reflejo de quien reside en su interior. Un ave reside en el cuerpo del legendario hombre, quien encabezó hace ya más de 80 años uno de los fenómenos culturales más grandes que la música haya cruzado.

Los hombres-ave han morado desde el principio de la historia en quienes deciden ser poseídos. Estos seres amorfos, figuras de la antigüedad portadoras del poder divino, mediadoras entre el mundo terrenal y los mundos superiores, juegan con la realidad y se manifiestan en el mundo de los hombres en forma de animales.

Para los egipcios, esta semejanza de un ave es descrita como el "ba", que es la fuerza que establece conexión entre los mundos, la fuerza animada de cada ser fallecido.

Hoy, con suficiente certeza, es posible discutir que no eran simples aves comunes, eran pingüinos, guardianes del mundo secreto en las costas de la tierra.

Los pingüinos no son lo que el mundo cree, pues a la imagen que han construido en la cultura popular, su propia existencia resulta en una mentira. Inicialmente conocidos durante exploraciones por el Atlántico Norte por los primeros exploradores europeos como el gran alca, fueron descritos como aves no voladoras, con picos grandes y ganchudos, y un plumaje blanco, en un tamaño promedio de 80 cm.

Pasado el tiempo, los exploradores europeos se adentraron en el hemisferio sur durante los siglos XVI y XVII, y, a conocimiento de su registro, se encontraron con sorpresa a las mismas aves no voladoras merodeando una distante zona de la cual no se tenía conciencia de su existencia.

Mientras tanto, los Beatles, tras una reciente y apresurada ola de atención, tras giras y agotadas presiones, en una madrugada, tras finalizar una grabación en estudio, acaloradas discusiones hicieron a Paul salir directo a su automóvil, quien, enfadado con los integrantes, perdió el control en un errático movimiento que ocasionó su inesperada decapitación en el impacto.

Tras tan traumante suceso, una histeria rodeó al grupo, quien, a expectativa de la feroz audiencia, no podía terminar la carrera a este punto, e ideó un escabroso plan para hacer que el espectáculo continuase a como diera lugar.

El espejo se forma a este punto, y tal y como las grandes alcas existentes tras su feroz cacería por parte de sus perseguidores, el hueco que se dejó en el ambiente rápidamente fue rellenado ahora por quienes se convertirían en sus impostores.

Pertenecientes a la familia Spheniscidae, fueron los que, para los exploradores, rellenarían el hueco a los lejanos pájaros bobos vistos hace centenares, ya que a ojos comparativos su semejanza no daba pie a diferencias.

Hoy por hoy, poco importará para quien conozca que alguna vez existió un pájaro bobo al que se le conocía por pingüino, poco importará si fue a ellos a quienes se les debería adjudicar correctamente el nombre. El tiempo ha hecho que el peso de la verdad sea demasiado difuso para ejercer siquiera presión.

Hoy poco importará si es que un impostor reemplazó a McCartney a comienzos de su estrellato, porque quien continuó su carrera fue quien terminó por convertirse en lo que para el público es el verdadero McCartney. Poco importará si no resulta ser un verdadero pingüino, hoy el publico ya ha dictado quien es en realidad.


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