14 de julio de 20265 min

¡No te metas con el pueblo de Israel!

Lo que empezó como un chiste se convirtió en una pesadilla. El poder de los símbolos no es un juego.

El pueblo judio

Hoy he aprendido mi lección, no debo meterme con el pueblo judío. He aprendido lo importante que es no atentar en contra de los sabios de Sion, a quienes se les ha correspondido la voluntad de edificar el mundo.

Fue torpe de mi parte y lo reconozco; no fue algo que hiciese a demasiada conciencia, pero hoy solo escribo esto para entrar en perdón e intentar enmendar mis errores.

Soy consciente del peso de mis acciones, y no dejaré esto como una simple nimiedad. Quería hacer una broma divertida; mi hermano había comprado dos botellas de clorofila. Para distinguirlas, me dijo que les dibujara una marca. Se me ocurrió de manera repentina una idea que hasta ese momento pensé que sería graciosa.

Quería sembrar un dilema, quería presentar una pregunta ante mi hermano, quien estaría dudoso de escoger alguna opción.

Tal y como Morfeo alguna vez le presentó a Neo dos opciones: una píldora azul, en dirección al regreso a la vida cotidiana y una vida sin demasiadas complicaciones; de su mano opuesta resguardaría la píldora roja, la promesa de la verdad que lo llevaría hasta la madriguera del conejo, y que con la expectativa lo haría ver la verdadera luz del oscuro túnel en que todos se encuentran metidos.

¡Incluso ambos compartían la misma dualidad de color! Era la mejor broma del mundo, si me lo preguntaban en ese momento. Entre risas, y expectante a su reacción, le dibujé una esvástica del partido alemán nazi en la tapa rosca de la botella. La siguiente parte de la broma era evidente: que, para disgusto de quienes conocen la historia, no era para nada un chiste para tomarse a la ligera. Planeaba en la otra botella dibujarle una estrella judía; no sé por qué se me vino eso a la cabeza.

No siento que tuviese una inquina personal para pensar en esto; todo fue tan espontáneo. Al momento de tratar de tomar la botella para dibujar sobre ella el símbolo, de repente y de forma muy inusual, la botella se destruye en mis manos y se rompe.

Mil pedazos de la botella de plástico son lanzados como pequeños trozos de metralla de una granada de fragmentación por toda la habitación. La clorofila se esparce por todos lados; se ha hecho un desastre. Se acabó. Supe en ese momento que no debía hacer esa tonta broma.

¿Por qué nadie me habló del poder que resguarda el Magen David? ¿Por qué nadie me habló de los ángeles poderosos que protegen tan preciada estrella?

Fueron las noches de terror nocturno las que me hicieron rectificar, y de la mano de hombres extraños, me hicieron mirar extrañas pantallas en contra de mi voluntad. Su tecnología está directamente conectada a mi conciencia, y su monitor, más que mostrar algo, impactaba directamente hacia lo más profundo de mi mente.

La misma imagen se forjaba en una subcapa dentro de mi sueño, pese a mis intentos de no visualizarla a conciencia. Era Bibi Netanyahu, quien con su sonrisa aterradora me miraba con esos ojos de maníaco.

Debajo de la imagen, la misma inscripción "Mossad" retumbaba en mi mente:

¡Mossad! ¡Mossad! ¡Mossad!

Parpadeante en la pantalla de mi mente, no dejaba de hablarme; a ese punto ya se estaba forjando en mi mente.

Prueba

Hoy ya me he vuelto más astuto, he enmendado mis errores y puedo describirte una valiosa lección para quien sea prudente:

Tres frascos de vidrio con arroz cocido fueron usados como experimento en Japón, hace un tiempo distante. Cada uno con una inscripción específica: uno con un mensaje positivo, otro con un mensaje negativo, y el último fue ignorado por completo.

Durante aproximadamente un mes, los participantes hablaban a cada frasco según su etiqueta. Al positivo le decían cosas bonitas; al negativo lo insultaban; y al tercero simplemente lo ignoraban.

Al final, los resultados fueron sorprendentes. Todo parece indicar que los mensajes y la intención inscrita dentro de los frascos fueron capaces de modificar el estado de estos mismos.

Mientras que el arroz se mantuvo conservado al paso del tiempo, el frasco con la inscripción negativa se oscureció al paso de su interacción con las pruebas. El resultado más sorprendente fue el del último frasco, que al ser ignorado obtuvo el peor resultado, al encontrarse en un estado de descomposición completa.

Dicho esto, solo puedo advertirte de la prudencia de tu boca y tus acciones, porque nunca sabrás cómo estas moldearán tu vida, sin siquiera saberlo.

¡Fin!


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Kenneth

Autor

15 de junio de 2026

Este cajón pertenece solo al artículo de Israel.