7 de julio de 20265 min

¿Podrá el Egregor salvar a Conor McGregor?

Solo un análisis poco convencional sobre Max vs. McGregor.

Conor iluminado con Irlanda

Dando rienda suelta a mis elucubraciones, a partir de hoy tomaré la posición de mirador de la bola de cristal. Quizá un poco de mi ego se asoma en mi hombro y tiraré la casa por la ventana dando predicciones sin demasiado fundamento y con mucha elevada superstición.

Hoy es el día que trataré de determinar el resultado de la próxima pelea esperada de la UFC, basándome en la gran pregunta que enmarca el título.

Egregor es una palabra interesante: es la acción que es capaz de esbozar, tras el pensamiento colectivo, una acción determinada. Para algunos sujetos con sombreros raros, el egregor es aquel ingrediente en el que la multitud condiciona el evento del escenario.

Una multitud vociferante es capaz de determinar la condición que se presenta en las mentes. Esa fuerza, que en muchos casos resulta un tanto torpe cuando es analizada con cierto detenimiento, en otros casos, mirando desde la compuerta de la introspección, podemos entender puntos interesantes.

Como una masa que se malforma con el pensamiento, algunos maníacos han llegado a hablar de una conciencia colectiva. Mucho se habla de una fuerza que nace de los esbozos del pensamiento, una figura, una situación que se integra en el pensamiento colectivo. Este influye en gran medida como condicionador de grandes eventos.

Esa sugestión colectiva, en algunos casos apuesta a la grandeza, en otros al derrotismo. Es fácil narrar la historia del ejército francés en la Segunda Guerra Mundial, quien tras una estrategia imprevista, lentamente fue sucumbiendo en una actitud derrotista y desmoralizadora. Las bajas expectativas sumadas a la inusual situación en la que se encontraban dieron por resultado la precoz derrota de Francia.

Si bien esta historia podría mostrarnos más un ejemplo psicológico y sugestivo, ¿hasta qué punto nuestros pensamientos son capaces de influir en el terreno de realidad y la materialización resulta un tema importante?

Pese a cualquier artilugio fuera de las habituales consideraciones, sería muy reduccionista pensar que el crédito de una proeza se reduce a solo un factor. Es claro que el egregor, la fuerza creadora de eventos en el consciente colectivo, en todo caso no puede ser el único factor determinante.

Durante estos momentos, dos escenarios me han causado cierta intriga: dos posibles escenarios que podrían tener resultados sorprendentes si es que el egregor se manifiesta de manera contundente.

Las bulliciosas celebraciones que han estado ocurriendo en México han llamado mi atención. México está recorriendo un camino perfecto, partido tras partido. Mucho se habla de que quizá esta podría ser la primera vez que México supere los cuartos de final, que aun siendo el país más persistente en el Mundial, continúa sin pasar esta barrera.

Bajo mi limitada visión, omito muchos ingredientes que son extremadamente importantes. Sin importar que tan capaces puedan ser las fuerzas colectivas, no se puede llegar a pensar que bastaría.

Muchas circunstancias favorables rodean esta competición. Se habla, por ejemplo, de la gran ventaja que ha sumado el hecho de competir con una altitud diferente. Se habla de la ayuda externa que han dado la bulliciosa y alcoholizada fanaticada para que los equipos rivales no pudiesen tener una merecida. La pregunta más importante en todo caso sería averiguar si es que los deportistas han hecho su parte.

En mi imaginativa y descalibrada visión de la realidad, un claro ejemplo que haya cumplido cada uno de los puntos para ejercer este poder está en alguien cuyo su mismo nombre lo predispone a ejercer esta cualidad, siendo su prefijo un claro inicio: "Mc" hijo de, Mac hijo del egregor, McGregor.

¿Qué no se podría decir de Conor McGregor? Aun sin llegar a ser la exuberante imagen que conocemos hoy por hoy, ya en su local Irlanda, con un puñado de peleas, ya era vociferado con una alta ilusión de ser la mayor promesa.

Un hombre tan radiante de ser, al que solo le bastó con tener un breve encuentro con Dana White, cabeza de la UFC, para exponer su alto poder de expectativa. Parafraseando a Dana, quien en su primer encuentro ni siquiera lo había visto pelear, podía oler con solo su presencia que aquel hombre, si es que realmente sabía pelear, podía llegar a convertirse en una superestrella.

Su punto clímax llegó en su clamada pelea por el campeonato, quien tras múltiples e impresionantes victorias fue alimentando en su pueblo el ferviente espíritu de una ya casi evidente derrota de su adversario José Aldo. Pese a los análisis de muchos especialistas y las discusiones de los peleadores profesionales, los ingredientes correctos se sumaron de la manera correcta. Alimentado del espíritu de las multitudes, y con la preparación correcta, no pudo haber llevado a otro desenlace que una culminación de película.

Conor consiguió ganar su pelea por el campeonato de 145 libras, derrotando al campeón José Aldo en apenas 13 segundos.

Una nueva historia surge tras una oleada de éxitos arrolladores. Tras cinco años fuera de la competición, Conor decide volver tras romperse la tibia.

Es difícil saber si Conor hizo aparte del trabajo interno correspondiente para, junto a la multitud, dar puerta a un resultado imprevisto. Sin embargo, los ingredientes están puestos sobre la mesa, y si alguien puede dar una sorpresa, ese sin duda es Conor McGregor.


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